Dos correcciones en una: la de estilo y la ortotipográfica

Por Yesid Castiblanco Barreto

Si se comienza con certezas,
se terminará con dudas;
mas si se empieza con dudas,
se acabará con certezas.
Sir Francis Bacon

 

Cualquier texto que quiera darse a conocer en un medio impreso o digital, incluso en la oralidad, debe pasar antes por los ojos atentos de un profesional de la corrección de estilo. ¿Por qué y para qué? Porque un corrector de textos, en resumen, hace que un escrito sea entendible para que resulte fácil y ameno de leer.

En la mayoría de ocasiones se habla solo de la corrección de estilo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que también existe la corrección ortotipográfica. Aunque las dos están relacionadas entre sí —y un corrector está en la capacidad de realizar ambas—, hay diferencias entre ellas.

Por un lado, la corrección de estilo se encarga de enriquecer y embellecer un texto pero sin modificar su contenido, su esencia, su estructura, su fondo. Su objetivo es brindarle al lector ideas claras, comprensibles y consistentes. Se trata de una labor compleja y meticulosa que requiere de un amplio conocimiento de vocabulario y cultura general, por parte del corrector, para limpiar, adornar y comprobar todo el contenido sin entrar en el campo de la edición o la sobrecorrección, llamada también ultracorrección o hipercorrección.

La corrección de estilo asimismo busca:

  • Eliminar ambigüedades, pleonasmos, redundancias o tautologías, cacofonías, expresiones coloquiales, muletillas, incoherencias y contradicciones, vulgarismos, barbarismos, anfibologías y calcos de otros idiomas que complican la lectura.
  • Agregar palabras para complementar oraciones y dar riqueza de lenguaje.
  • Lograr una mayor exactitud léxica.
  • Brindar claridad al incluir vocablos necesarios o suprimir expresiones innecesarias.
  • Evitar la repetición de palabras y el mal uso de los verbos o las preposiciones.
  • Aportar recomendaciones para que el texto sea fluido y lo más legible posible; o sea, liberarlo de términos confusos y vagos que pueden hacer que el lector abandone la lectura.

Por otro lado, la corrección ortotipográfica (ortografía más tipografía) se enfoca en la escritura, la gramática, los signos de puntuación, la acentuación, las letras y los espacios entre ellas, así como en los caracteres (tipos) y su unidad dentro del texto. Conocida también como la corrección de pruebas porque se suele hacer sobre textos maquetados, es un proceso que, por lo general, se lleva a cabo considerando las normas de la Real Academia Española (RAE) —aunque no todos los correctores de estilo las aceptan y no están en obligación de hacerlo— con el fin de realizar un control de calidad desde la forma.

Igualmente, la corrección ortotipográfica apunta, entre otras cuestiones, a:

  • Eliminar las faltas de ortografía: mal uso de tildes y signos de puntuación, según las más recientes modificaciones hechas por la RAE en el 2010, las cuales se pueden consultar en:

http://www.rae.es/recursos/ortografia/ortografia-2010

  • Revisar la apariencia, estética, homogeneidad y coherencia de la tipografía: tamaño y color de la fuente; jerarquización de títulos y subtítulos; justificación e interlineado de párrafos; medidas de las márgenes; uso de letras redondas, cursivas, negritas, versalitas, mayúsculas y minúsculas; empleo de tipos de comillas; subrayados y sangrías; símbolos, abreviaturas, siglas y acrónimos; examinar la foliación así como las viudas y huérfanas que se puedan presentar.
  • Encontrar y suprimir erratas que tienen que ver con la omisión, trasposición o repetición de caracteres.

Permitir que cualquier texto —desde un libro, trabajo de grado, artículo, ensayo, boletín, comunicado institucional, aviso publicitario, guion, manual, catálogo, curso…— hasta una tesis, monografía, reseña, memoria, carta personal, presentación, nota de prensa, ponencia, guía, en fin, sea verificado por un corrector de estilo es creer que hay un experto en el manejo del idioma español, quien con profesionalismo se ocupará de desarrollar una oculta y paciente labor “de hormiga” para escudriñar fallos, reducirlos al mínimo y, desde su rol de lector crítico, analítico, brindar un sello de limpieza, belleza y calidad a las palabras.

En cuanto a los correctores de estilo, es importante destacar que el cimiento de su tarea debe ser dudar y desconfiar de todo; es decir, plantearse siempre —más de una vez— si una palabra, expresión, frase u oración está bien escrita o correctamente dicha. No obstante, un corrector de textos nunca es un sabio, por lo que también debe preguntarse qué o quién lo puede ayudar a resolver su incertidumbre y tener la habilidad de hacerlo en el menor tiempo posible.

Corrector de estilo: Fernando Alviar Restrepo

1 Comment

  1. Felipe Contreras San Franciscos dice:

    Magnífico artículo. Lo único que no veo del todo claro es que una de nuestras funciones sea la de «adornar» el contenido.
    Saludos y enhorabuena.

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