El derecho al estilo

El derecho al estilo

Se lee aquí y allá que el estilo no se corrige, porque el hombre es el estilo… y otra cantidad de cosas que suenan profundas.

Se dice que la producción editorial es un proceso, pero parece más una pirámide: coronada por el autor, este se apoya en el editor, que se apoya en un tumulto de personas cuyos honorarios juntos son menores que los del editor. Esto no quiere decir que los editores ganen bien, sino que ese tumulto de profesionales que venden servicios (diseñadores, diagramadores, ilustradores, correctores y demás) ganan muy poco.

En esta pirámide todos tienen derecho al estilo: la tradición latina protege al autor como un semidiós, y a su obra como fruto de un genio divino. Ese es el estilo del autor y se respeta. El editor puede escudarse en un estilo editorial, que se define a veces por el tipo de contenido que se publica y a veces por la tradición de la empresa; este estilo equivale al “aquí hacemos las cosas así”. Y ¡muchos diseñadores e ilustradores son contratados precisamente por su estilo! Por las técnicas que utilizan, por los géneros que dominan, por la paleta que emplean.

Pero el corrector de estilo no tiene derecho a un estilo de corrección. Él no puede ser detallista sin rayar en lo insustancial, no puede ser rápido sin caer en lo superficial, no puede ser analítico sin caer en la crítica y en la “criticadera”. Hay correctores de estilo, pero ¿hay estilos de corrección?

Lo más claro de todo esto es que nuestra tarea consiste en lograr a toda costa un texto sin errores, preferiblemente en el menor tiempo y al más bajo costo posible. Lo demás es “gusto, elegancia o distinción” personal.

Jorge Luis Alvis Castro
Jorge Luis Alvis Castro
Soy lingüista y Magíster en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente me desempeño como editor académico de un centro universitario en Bogotá. Desde el 2009 dicto cursos y talleres de corrección de estilo y escritura a instituciones públicas y privadas. Soy miembro fundador de Correcta.

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