¿Qué lee un corrector para ser corrector?

¿Qué lee un corrector para ser corrector?

Respuesta a una pregunta de Olivia G. Z.: Saludos, estoy iniciando mi carrera como correctora de estilo, mis estudios y experiencia profesional son en periodismo pero deseo incursionar en la corrección de textos literarios, alguna bibliografía que me recomienden?

Hola, Olivia: nadie empieza bien corrigiendo textos. Este es un oficio, como la carpintería (para usar un lugar común), así que es inevitable que en el camino se echen al traste algunos arbolitos. Mejor dicho, cuando uno empieza a corregir textos empieza por sumar sus propios errores a las ideas de los demás… pero estoy convencido de que no hay otra manera.

Algunas lecturas siempre vienen bien… sobre todo la lectura juiciosa del texto objeto de corrección, cualquiera que sea. Las demás son lecturas de referencia, apoyo o aclaración.

Cuando uno se inicia en este trabajo nunca está de más apoyarse en alguien con algo de experiencia en corrección, de modo que pueda ayudar a resolver problemas de todo tipo (te sorprenderás de que los escollos “lingüísticos” son solo una especie entre la flora y fauna de problemas de los textos). Así que también te sugeriría empezar por identificar a un colega que pueda tenderte una mano, sacarte de apuros y compartir algunas claves del oficio.

Ahora, en cuanto a lecturas formativas, yo sugeriría tres:

  1. La lectura completa de una gramática: consíguete una, Dios quiera que fuera usada para que no te dé pena ni miedo rayar y anotar. La gramática es necesaria para comprender cómo funcionan las palabras más que para censurar cómo escriben o hablan las personas… La idea de leerla completamente tiene una justificación: es probable que al inicio no entiendas toda la información, pero luego empezará a volverse familiar el vocabulario, y al final, si haces bien el ejercicio, podrás distinguir una frase adjetival especificativa de una frase adjetival explicativa… y luego, que es lo mejor, cuando te enfrentes a una duda gramatical como correctora podrás decir “¡Ah!, esto yo ya lo leí en la gramática”… y entonces ella se convertirá, ahora sí, en un auténtico libro de referencia.
  2. La lectura completa de un manual editorial: no diré cuál debes leer, lo importante aquí es que lo leas completamente. El objetivo de todo buen manual editorial es cubrir, con acento personal, aquellas zonas no legisladas por la gramática y la ortografía normativa… Son obras que suelen recoger la experiencia de decenas de personas en su trabajo diario con las palabras. Por eso, los periódicos, universidades, editoriales y organismos estatales suelen ser los principales “productores” de este tipo de obras.
  3. La Ortografía (2010) de la RAE: es aburrida y excesivamente minuciosa; razonada y exasperante… pero obligatoria. Puedes obviar la “Nueva gramática de la lengua española”, pero no la Ortografía. Una clave de lectura: la Ortografía y el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (en línea) se complementan.

Hay más, por supuesto. Para mí han resultado ser de mucha ayuda (en un nivel teórico, por decirlo de algún modo) las lecturas en temas de dialectología y sociolingüística: si me pidieran recomendar dos títulos diría “El español de América”, de John Lipsk, y “Dialectología general e hispanoamericana”, de José Joaquín Montesi. Y recomendaría dos o tres blogs, como por ejemplo “Blog de lengua española” y te diría, también, que te esfuerces por dominar la herramienta control de cambios de Word, dominio que solo adquirirás si dominas el procesador de textos en general. Y concluiría diciendo que en ningún libro sobre “cómo hacer algo” descubrirás qué es hacer la cosa en cuestión.

Jorge Luis Alvis Castro
Jorge Luis Alvis Castro
Soy lingüista y Magíster en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente me desempeño como editor académico de un centro universitario en Bogotá. Desde el 2009 dicto cursos y talleres de corrección de estilo y escritura a instituciones públicas y privadas. Soy miembro fundador de Correcta.

4 Comments

  1. Néstor Clavijo dice:

    En mi opinión, que por cierto nadie me está pidiendo, y como veterano que soy en el oficio, con más de veintiocho años y varios miles de horas de vuelo —como dicen los pilotos—, le doy dos consejos a Olivia: 1) que se pare en “hombros de gigantes”, como dijo Newton que él hizo; esto es, que se apoye en los clásicos, es decir, en el genial Bello o en el mexicano Rafael Ángel de la Peña, para que aprenda gramática de la buena. Así podrá comparar con la gramática moderna (en la que prácticamente “todo se vale”, como en la lucha libre) y ver cómo se ha deteriorado el idioma, y pueda que hasta le den ganas de sentarse a llorar; y 2) que se vuelva experta en ortotipografía. Me parece que la última edición de la Ortografía de la lengua española, de la que “Limpia, pule y da esplendor” (como cualquier detergente de Carulla) es un magnífico manual de ortotipografía.

    Esos serían los dos únicos consejillos, mi estimada Olivia. Siempre he creído que un buen corrector debe tener un par de cromosomas de gramático para que sepa analizar técnicamente cualquier texto y no se limite —como hacen muchos “correctores”— a poner un puntico allí y una comita acá (y hasta mal puestos, porque a veces ni saben usar los signos de puntuación). Que por estar buscando en el piso con lupa hormigas, se les pasan los elefantes y no los ven. Yo siempre he ido de la mano de don Andrés y don Rufo y me ha ido de maravilla.

    Cordial saludo.

  2. Claudia Bevacqua dice:

    Mi consejo como correctora -ejerzo esta hermosa profesión en Buenos Aires desde hace como treinta años- es simple. Nunca te arrepientas de invertir tiempo en acudir a los diccionarios. Sí, sugiero que leas los lemas completos y que, ante una mínima duda, frenes y busques… y sigas buscando. Siempre encontrarás respuestas en los diccionarios. Hay muchos tipos de diccionarios. Todos son necesarios para un buen corrector.
    Saludos cordiales.
    Claudia Bevacqua

  3. Un buen corrector lo lee todo: libros buenos y malos, anuncios, gramáticas, pintadas en las paredes, periódicos, diccionarios, revistas, ortografías, redes sociales, folletos, botes de champú… Un buen corrector ama leer. Lee por placer y porque cuando pasea por las frases aprende a discernir.

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