Por Jaime David Pinilla.

Aún hay quienes piensan que corregir textos es poner puntos y comas y nada más. Quizás son los mismos que creen que ser psicólogo es «darle consejos a la gente» o que los geógrafos «se saben las capitales de todos los países». En fin, de prejuicios está lleno el mundo a la hora de mirar los oficios, incluido el de la corrección.

A algunas personas que me han siquiera insinuado que mi labor es poner puntos y comas les he dicho, solamente por ver su cara, que el libro Escritura y universidad. Guía para el trabajo académico, de Gustavo Patiño, tiene casi 400 páginas, o que el Manual de citas y referencias bibliográficas de la Universidad de los Andes, del que Ella Suárez es coautora, tiene casi 200, y estos son apenas dos entre los centenares de libros de referencia a los que el corrector debe dirigirse constantemente.

La anécdota anterior pretende ilustrar que la labor del corrector profesional es amplia y profunda, que su estudio, cultivo y ejercicio sugieren el rigor de muchas otras profesiones y oficios. Sin lugar a duda, la referenciación bibliográfica es uno de los campos de acción que con frecuencia suele dar dolores de cabeza a los correctores. Aunque hay más de cuatro mil sistemas de este tipo, solo con la milésima parte de ese estimado — es decir, con cuatro — tenemos suficientes desafíos.

Y no estoy haciendo referencia necesariamente a APA, Chicago (su manual tiene más de mil páginas) o Vancouver; también pienso en MLA, ISO 690, IEEE o Harvard. Cualquier corrector, a menos que trabaje en una editorial especializada — cuando él mismo sea un corrector especializado—, puede enfrentarse a la necesidad de manejar cualquiera de estos sistemas de referencia; incluso podría encontrarse con otros menos comunes en nuestro país, como ANSI, CIERM, IRAM, AMA o Icontec (solo en Colombia).

No se trata, sin embargo, de hacer un inventario de sistemas: como dije más arriba, son más de cuatro mil. Se trata de entender la inmensa responsabilidad que tiene el corrector a la hora de revisar una bibliografía, tarea muy difícil de cumplir si no se dominan los conceptos y las herramientas mínimas necesarias —como los gestores bibliográficos— para hacerlo con la responsabilidad que implica.

Con esas claridades, Correcta ha querido ofrecer a todos los correctores de Hispanoamérica respuestas a aquellas preguntas más habituales que los asaltan cuando están frente al documento: ¿al pie de página o al final?, ¿autor, fecha y página, o sin página?, ¿puedo usar ibíd.?, entre otras. La asociación también desea mostrar herramientas prácticas para que todo ese caudal de información de autores, fechas, editoriales, ciudades, ediciones, etc., no los abrume. Y para ello ha reunido a profesionales idóneos en la materia —como Gustavo y Ella, arriba mencionados.

Quienes ejercemos el oficio de la corrección (no así quienes piensan que esto es poner o quitar tildes y comas) sabemos que las citas y referencias bibliográficas son la mitad — ¡y a veces más! — del trabajo. Pues bien, de algo no hay duda: este seminario permitirá ahorrar a quienes lo tomen muchas horas innecesarias de trabajo en la revisión de bibliografías.

Sin más, he aquí toda la información: https://correcta.org/

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